• Por Hugo Méndez Fierros*

InBetween: Comunicación, interculturalidad y gastronomía


Ante las barreras para la integración lingüística entre el creolé (criollo) y el español, la gastronomía juega un rol importante en el desarrollo de procesos de comunicación intercultural entre la comunidad haitiana asentada en esta frontera y la sociedad bajacaliforniana. Estas experiencias de intercambio, apropiación y adaptación cultural se han acumulado a través de décadas en el territorio fronterizo que habitamos. Me refiero a los resultados del encuentro con la comunidad china, que ha dejado una huella indeleble en la dimensión gastronómica e identitaria de Mexicali.


Durante el proceso de espera que hombres y mujeres de nacionalidad haitiana viven en Mexicali, desarrollan un sinfín de actividades en su vida cotidiana, entre las que destacan las prácticas laborales; las de comunicación transnacional, en las que los smartphones juegan un rol muy relevante y sobre las cuales ya he anotado que han contribuido a reconfigurar los procesos migratorios; las actividades religiosas y las gastronómicas.


Hoy haremos un apunte breve en torno a las prácticas culturales ligadas a la alimentación, que son mapa y a la misma vez, brújula orientadora en el acercamiento a la cultura haitiana.

Para las personas en condición de movilidad transnacional, las costumbres gastronómicas funcionan como dispositivos de afirmación de identidades, conexión con sus raíces familiares y de mantenimiento de vínculos socio-emocionales con sus redes comunitarias de apoyo. Y por parte, la gastronomía funciona como un lenguaje que permite comunicarse a través de los sentidos con la sociedad de acogida y con ello, elaborar puentes para la integración cultural.

Bon Goût, es un restaurante haitiano fundado en Mexicali, en 2017. Ha tenido más de dos administraciones distintas. Se sostiene. Es un punto de reunión y celebración de la cultura haitiana. “Es un restaurante para el público en general de recetas tradicionales con el sazón de Haití”. Se ubica en la zona centro, sobre el boulevard López Mateos, en un espacio en donde confluyen procesos de gentrificación y asentamiento de nuevos flujos migratorios. Poco a poco, se va consolidando como una opción culinaria “exótica” entre un sector reducido de la población mexicalense.


De más reciente creación, sobre avenida Zuazua se encuentra una especie de fonda haitiana, es el restaurante BCM. Igual que en Bon Goût, los haitianos emprendedores presentan su producto como la esencia, raíz y sabor original de la cultura haitiana. La oferta gastronómica se dirige no solo a sus compatriotas sino que de manera insistente busca atraer al público mexicano.


Miquel Rodrigo Alsina, escribió que ante la interculturalidad gastronómica es importante “hacer un esfuerzo anti-etnocéntrico y no pensar que los únicos alimentos aceptables son los de la propia cultura […] Se trata sólo de procesos simbólicos asociados por cada cultura a determinados alimentos. Es decir, el significado que se le atribuye en la propia cultura a determinados alimentos”.

Aunque los ejemplos mencionados no representan un proyecto cultural articulado y mucho menos, consolidado; a ellos se unen otras muestras de emprendimiento más modestas, que vale la pena ir registrando como manifestaciones socioculturales valiosas, en este tiempo y en este espacio. La presencia de la cultura haitiana del 2016 a estas fechas, comienza a dejar algunas huellas en esta frontera.


Para variar las ejemplificaciones restauranteras, se puede mencionar el nuevo Colectivo China-Haití que se promociona en redes sociales. Bebidas, condimentos, artesanías, alimentos enlatados, ropa y accesorios. Es el merchandise de la nostalgia y la reconexión anhelada con el origen caribeño. Es el equivalente a la experimentación del consumo de salsas, tortillas, frijoles o cualquier otro alimento que conecte a algunas personas mexicanas viviendo en el extranjero, con su “mexicanidad imaginada”.


Para finalizar, anotaré que este Colectivo como parte de su oferta transmite en Facebook live sesiones donde se “juega” a la traducción lingüística entre el criollo y el español, lo cual es muy interesante porque estos esfuerzos no brotan de una política pública que el Estado haya diseñado para impulsar la interculturalidad. Ni de instituciones académicas. Sino, de una “comunidad digital” de personas con raíces chinas, mexicanas y haitianas, que dotan de sentido a su permanencia en esta tierra, a través de este tipo de prácticas culturales gastronómicas y comerciales.


*[No. 78/2022]. El autor de esta publicación es profesor en la Facultad de Ciencias Humanas de la UABC. Miembro del Sistema Nacional de Investigadores.

**Imágenes tomadas de Facebook Restaurantes Bon Gout y BCM


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