• Por Hugo Méndez Fierros*

Movilidad transnacional y drama humano. La frontera bajo presión.


Durante la última semana la agenda mediática a nivel nacional y a nivel regional ha posicionado como tema central a la movilidad de personas de Centroamérica y del Caribe en territorio mexicano, como resultado del drama humano que viven niñas, niños, mujeres y hombres que marchan hacia la frontera para buscar asilo en los Estados Unidos de América (EE.UU.).


Miles marchan hacia el norte porque huyen de una pesadilla prolongada en el tiempo y miles serán regresados de EE.UU. hacia algunas ciudades ubicadas en la frontera norte de México –incluyendo a Tijuana y Mexicali-, durante las siguientes semanas. Lo anterior, como parte de los Protocolos de Atención al Migrante (MPP) por sus siglas en inglés, también conocido como el programa Quédate en México, que por orden judicial el gobierno de Joe Biden puso de nuevo en operación, el pasado 5 de diciembre.

La frontera es un espacio de intersección y la condición de territorio de espera la convertirá en una gigantesca olla de presión. Municipios en condiciones económicas críticas recibirán a miles de personas provenientes del Sur y del Norte. Sin un plan de atención. Con serias limitaciones de presupuesto. En medio de un clima de inseguridad y de pugnas políticas.

San Diego y Calexico, California, figuran como dos de los siete puertos de retorno de las personas que serán deportadas de EE.UU. para esperar la resolución a su petición de asilo, en territorio mexicano. Esto pone a Baja California en un escenario complicado porque al mismo tiempo han comenzado a llegar a Tijuana y Mexicali, cientos de personas haitianas que estuvieron retenidas por meses en Tapachula, Chiapas y que han sido autorizadas por el Instituto de Migración a movilizarse dentro de México. Esta entidad recibirá flujos migratorios intensificados de arriba y de abajo.


Por lo pronto, los albergues que grupos de la sociedad civil de Mexicali operan, se encuentran a su máxima capacidad. Rebasados. El ayuntamiento recién improvisó el fin de semana pasado un espacio en el CREA, el cual se saturó con cientos de personas en movilidad, en solo tres días. Ayer por la noche se habilitó de emergencia uno más en el Centro de desarrollo humano de la colonia Nacionalista.


En medio de este escenario, hace 5 días murieron más de 50 personas y decenas de heridos quedaron sobre el asfalto en una carretera del estado de Chiapas. Migraban escondidas en la caja de un tráiler. La mayoría eran ciudadanos de Guatemala. Venían a la frontera norte. La atención a heridos y el recuento de los cuerpos fallecidos fueron transmitidos en vivo a través de redes sociales. Decenas de smartphones se activaron y cientos de imágenes fueron difundidas a nivel internacional. Viajaban hacinadas más de 100 personas. La unidad móvil había logrado pasar, por lo menos, un retén oficial. Víctimas de las redes de tráfico. Expulsados de la globalización y el cambio climático. Fuerza de trabajo en busca de opciones laborales.


Diversas señales en el contexto internacional y nacional comunican que estos fenómenos de movilidad forzada impulsados por la precariedad se mantendrán con ciclos de intensificación. El drama humano de miles de familias continuará y la frontera como territorio de espera jugará un rol muy relevante.


Crédito de foto Víctor Medina Gorosave

*[No. 61/2021]. El autor de esta publicación es profesor-investigador

en la Facultad de Ciencias Humanas, UABC.

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