• Por Hugo Méndez Fierros*

Olimpiadas 2020. Construcción simbólica del orgullo y la vergüenza nacionalista


Uno de los temas con mayor presencia en la agenda mediática y en las redes sociodigitales en torno a la participación de México en los juegos olímpicos Tokyo 2020, es el originado por el desecho de uniformes deportivos del equipo femenil de softbol en contenedores de basura de la Villa olímpica, que desencadenó múltiples expresiones de indignación y vergüenza nacionalista.


Algunos elementos de esta narrativa son la representación emocional del nombre de México, los “colores nacionales” y el sacralizado “amor a la camiseta”. Además, un factor clave es la composición del equipo por una mayoría de jugadoras nacidas en Estados Unidos de Norteamérica, de padres mexicanos.


Del orgullo nacionalista expresado alrededor de las softbolistas durante su actuación en el campo de juego, se pasó a una avalancha de memes y textos que comunicaban agravio con tintes nacionalistas. Prevalecieron las interpretaciones del acto de tirar los uniformes como una acción de desprecio hacia los valores patriótico-mexicanos. En muchos casos el discurso adquirió notas de odio y xenofobia hacia las jóvenes deportistas llamadas peyorativamente “las pochas”. “Las no mexicanas”. “Las sin amor a México”.


Thomas Scheff sostiene que la vergüenza y el orgullo son dos caras de la misma moneda. Son emociones colectivas que surgen de verse a uno mismo desde el punto de vista de los otros. La vergüenza sobreviene cuando uno se siente evaluado negativamente por los otros e incluso por uno mismo, mientras que el orgullo emerge de la evaluación positiva realizada por uno mismo y por los que nos rodean.

Descubrir las prendas deportivas de color verde, blanco y rojo, con la inscripción del nombre México en la basura, para muchos usuarios de redes sociodigitales fue indignante y vergonzoso. Estos símbolos contienen significados interiorizados a lo largo de su vida. Representan algo propio. Es la vergüenza de enfrentar el rechazo a algo que posee valor, no sólo en el orden individual, sino para una colectividad a la que se siente pertenencia.


Sara Ahmed en su libro La política cultural de las emociones, establece que: “El papel de la vergüenza en la confirmación de nuestro amor por los otros mediante la negación, y el espacio incómodo del testigo en este momento de confirmación, nos permite explicar qué significa para una nación expresar su vergüenza, y transformarla en una identidad... la vergüenza nacional funciona como una narrativa de la reproducción…la vergüenza puede convertirse en una forma de identificación justo cuando una identidad fracasa en encarnar un ideal”.


La amplia cobertura mediática seguida de la proliferación de opiniones de rechazo publicadas en las redes, fueron más contundentes que las argumentaciones de falta de espacio en el equipaje, esgrimido por directivos y softbolistas. Al día de hoy dos jugadoras han presentado su renuncia a la selección nacional de softbol. Quizá se sumen otras en las próximas horas. Hay en la simbología una fuerza que desencadena acciones sociales.


El “amor a la camiseta” y la identificación con los “colores nacionales” son construcciones simbólicas impulsadas por las narrativas mediáticas y de redes sociodigitales. Constituyen un tema de comunicación sociocultural que exige estudio y comprensión.


*[No. 42/2021]. El autor de esta publicación es profesor-investigador

en la Facultad de Ciencias Humanas, UABC.



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