La estatua de Cristóbal Colón que tuvo Mexicali: entre la polémica y el olvido


La efigie fue mutilada en más de una ocasión y terminó retirada del espacio público. Décadas después, su paradero sigue siendo una incógnita.
Mexicali tuvo una estatua dedicada a Cristóbal Colón. Durante poco tiempo formó parte del paisaje urbano en un punto estratégico de la ciudad, pero su presencia estuvo marcada por la controversia, los actos de protesta y un desenlace que todavía deja una pregunta sin respuesta: ¿dónde quedó aquella escultura?
En 1992, con motivo de los 500 años de la llegada del navegante genovés a América, fue instalado dicho monumento en la plaza donde hoy se encuentra el kiosco chino, en la confluencia de la avenida Álvaro Obregón, el bulevar Adolfo López Mateos y la calle Morelos.
Un grupo de mexicalenses relacionado con los Caballeros de Colón -una organización fraternal católica de beneficencia, exclusiva para varones, fundada en 1881- habría impulsado la elaboración e instalación de la escultura durante la década de los noventa, con apoyo del gobierno local para la base y cimentación con aportación del ayuntamiento local con recursos de la entonces Secretaría de Desarrollo Social (Sedesol).

Una estatua que incomodó
Andrés Aguilar Mezta aportó un dato relevante para reconstruir este episodio. Recordó que en 1992 realizó un reportaje para la revista Contacto sobre la estatua de Cristóbal Colón, durante la administración municipal de Milton Castellanos Gout, quien fue alcalde de Mexicali de 1989 a 1992.
El periodista recuerda que la escultura fue objeto de distintos actos de protesta. En una ocasión le robaron la espada que portaba y, posteriormente, fue manchada con pintura roja por ciudadanos que se manifestaban simbolicamente por la violencia y la sangre derramada durante la conquista española sobre los pueblos originarios de América.

A estos episodios se sumó uno de los actos más notorios contra el monumento: la cabeza de la figura fue cercenada. Aunque posteriormente fue reinstalada, la escultura volvió a ser mutilada.
Más allá de los daños materiales, estos acontecimientos evidenciaban el rechazo de algunos sectores de la población a la representación de Colón como figura conmemorativa. Para unos, los ataques constituían actos vandálicos contra el patrimonio; para otros, eran formas de protesta frente a una interpretación de la historia que consideraban ajena al sufrimiento de los pueblos originarios.
La reiteración de estos actos y el rechazo que generaba su presencia terminaron por convertir el monumento en un problema para las autoridades, que optaron por retirarlo y modificar el espacio público.
De la escultura a una fuente y, finalmente, al kiosco chino
Tras la desaparición de Colón del lugar, en la plaza se construyó una fuente que nunca logró aportar demasiado al entorno. Su diseño cónico no parecía responder a una propuesta urbana capaz de darle identidad al espacio.
Como ocurrió con otras fuentes de la ciudad, el funcionamiento y el mantenimiento terminaron siendo parte de la historia de estas obras. El deterioro de los mecanismos, la falta de conservación y los problemas asociados a la salinidad del agua podían convertir lo que debía ser un elemento ornamental en una estructura sin movimiento ni atractivo.
Con el impulso de la revitalización de La Chinesca y del Centro Histórico, el entorno volvió a cambiar. El espacio tuvo una nueva transformación el 2 de diciembre de 2020, cuando el kiosco chino fue reubicado en el área como parte de las obras relacionadas con el paso deprimido de la garita Centro.
La Plaza de la Amistad, construida el 1 de febrero de 1995 para albergar el kiosco donado por la ciudad de Nanjing, China tuvo que ser derruida por la nueva infraestructura, cabe mencionar que esto benefició al kiosko que se encontraba en el olvido y cercado por un muro que le quitaba el protagonismo que tuvo y que le volvieron a otorgar con su nueva ubicación.

Una polémica generalizada
Las protestas en torno a Cristóbal Colón se registraban cada 12 de octubre, las manifestaciones más intensas, o mayormente difundidas por medios de comunicación nacionales se realizaban frente a la estatua del navegante en el Paseo de la Reforma, en la Ciudad de México.
Aquel monumento, ordenado por Maximiliano de Hasburgo, pero instalado en 1877 ya siendo presidente Porfirio Díaz, se convirtió durante las últimas décadas en escenario de manifestaciones y actos de protesta relacionados con la conquista y sus consecuencias para los pueblos originarios.
El 10 de octubre de 2020, la escultura fue retirada con el argumento inicial de someterla a restauración, en medio de la preocupación por nuevas acciones para derribarla. Posteriormente, las autoridades capitalinas anunciaron que no regresaría a su emplazamiento original.
En febrero de 2023, la entonces jefa de Gobierno, Claudia Sheinbaum Pardo, anunció que la escultura sería trasladada al Museo Nacional del Virreinato, en Tepotzotlán, Estado de México. Sin embargo, reportes periodísticos posteriores señalaron que el traslado no se había concretado y que el conjunto escultórico continuaba sin una ubicación definitiva para su exhibición pública.

¿También debe cambiar el nombre de la avenida?
En Mexicali, el debate sobre Colón resurgió en octubre de 2024, cuando el diputado federal Armando Fernández Samaniego propuso cambiar el nombre de la avenida Cristóbal Colón por el de Tlaloc, en referencia a la deidad mexica asociada con el agua y la lluvia.
La propuesta, dirigida a la alcaldesa Norma Bustamante Martínez, buscaba reconocer las raíces indígenas y abrir una reflexión sobre los símbolos que permanecen en los espacios públicos, sin embargo, no encontró eco, como algunos otros nombres de sitios o calles que han sido renombrados durante los gobiernos relacionados a la cuarta transformación.
¿Dónde está la estatua de Colón de Mexicali?
Después de ser desmontada, fui testigo de cómo la escultura permaneció durante muchos años en un negocio de motocicletas Honda ubicado en la esquina de Justo Sierra y Marmoleros Sur.
La estatua de Colón desapareció del paisaje de Mexicali, pero los testimonios de quienes la conocieron y las huellas de la polémica que provocó permiten reconstruir una parte de su historia.
Por lo pronto nos cuestionamos, ¿Se conserva en algún patio, taller o propiedad privada? ¿O fue destruida sin que quedara registro de ello?
Por ahora, son preguntas abiertas.


























































































































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