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Intervención artística en espacio público: arte, música y comunidad en la Pagoda China

  • Foto del escritor: Redacción
    Redacción
  • hace 14 horas
  • 2 Min. de lectura

Al atardecer del reciente domingo 25 de enero, la Pagoda China se convirtió en un encuentro vivo entre arte, música y comunidad. Este espacio emblemático de Mexicali sirve como un punto de convivencia cultural abierta y accesible para todas las personas.


Bajo las luces urbanas y el techo de inspiración oriental, la zona dejó de ser solo un lugar de tránsito buscando la selfie, para transformarse en un escenario colectivo donde confluyeron artistas visuales, DJs, familias, jóvenes, niñas, niños y transeúntes que, al pasar, se permitieron detenerse y formar parte del momento.


La Pagoda respiró creatividad, la música, sostenida desde la tornamesa por Centinela Sound, Only Kixy, Paxson, Dj Cuerpi y Mini Cuerpi, marcó el pulso de la noche. Cada mezcla creó un puente entre géneros, generaciones y sensibilidades, invitando al movimiento libre y al encuentro espontáneo. El sonido no solo acompañó: tejió un ambiente cálido, accesible y profundamente humano.


De manera paralela, el arte visual tomó forma en vivo. Las y los artistas Selene Artmósferas, Maya Guayabarte, Xochitl Zitlali C Santellan, Dhef Rancholo, Jon Mortre y Arturo Reyes intervinieron el espacio con dibujo, mosaico, pintura, aerosol y gestos creativos que dialogaban directamente con el entorno y con quienes observaban. Las obras surgieron frente al público, recordando que el arte no necesita galerías cerradas para existir: puede nacer en la calle, compartirse al instante y convertirse en experiencia colectiva.


Hubo bicicletas recargadas en muros, risas suaves, celulares registrando fragmentos del presente, personas sentadas observando, otras bailando, otras simplemente respirando el ambiente. La escena se construyó entre todas y todos, nadie fue espectador pasivo.



Este tipo de intervenciones artísticas en el espacio público tienen un valor profundo para la sociedad mexicalense. No solo activan zonas urbanas de interés, sino que generan vínculos, promueven el acceso libre a la cultura y fomentan la apropiación positiva de la ciudad. Son ejercicios de convivencia que recuerdan que el arte también es una herramienta de encuentro, escucha y transformación social.


Más que un evento aislado, fue una experiencia de colaboración entre disciplinas, amistades y voluntades. Una muestra de que Mexicali cuenta con una comunidad artística viva, diversa y comprometida por compartir su trabajo desde la cercanía y el respeto al espacio común.


Estas reuniones nos recuerdan algo esencial: cuando el arte sale a la calle, la ciudad se humaniza. Por unas horas, el ruido cotidiano baja, la presencia aumenta y aparece esa belleza sencilla de estar juntos. La Pagoda se convirtió en un abrazo urbano, en una ceremonia contemporánea donde la música, la pintura y la gente coincidieron para afirmar algo básico y poderoso: la cultura también se construye colectivamente, en la calle, y en el ahora.



Por: Selene Nevarez Estrada, Espacio Artmósferas.

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